Los orígenes de todos los juegos de azar son inciertos. La historia del bingo no es la excepción. Lo que sí puede afirmarse es que no es un juego de surgimiento reciente, sino por el contrario tiene muchos años de existencia. Algunos estudiosos del tema incluso ubican su nacimiento en la época romana.
Por otro lado hay quienes opinan que surgió en Europa más precisamente en Italia, en el siglo XVI. No nació con su nombre actual sino como una Lotería cuyo nombre era “ Lo Gioco de Lotto”, recibiendo más tarde el nombre de “Beano”. En esa época era un juego de pueblo, de ferias. Aquel juego era muy similar en cuanto a sus reglas y procedimiento al que hoy conocemos como Bingo.
Fue doscientos años después que traspasó fronteras hacia Francia. Pero dejó de ser un juego para el pueblo, pasando a ser un juego de clases altas, siendo el preferido por la aristocracia francesa. Luego llegó a Alemania. También aquí cambió su rumbo, no hacia otra clase social sino al ámbito educativo, siendo un entretenimiento que disfrutaban los niños siendo aplicado didácticamente para la enseñanza de las matemáticas, deletreo e incluso la historia del país.
Al llegar a países como España se adecuó a la cultura en la cual se incorporaba. Allí se convirtió en popular al contrario de lo que podría pensarse, en la iglesia, dado que existía la costumbre de donar parte de lo ganado en el bingo a las instituciones religiosas.
Finalmente cruzó el océano y llegó a los Estados Unidos, más específicamente a la Ciudad de Atlanta, en 1930 aproximadamente. Se convirtió en un juego muy popular, extendiéndose por todo el país. Adquirió el nombre Bingo como lo conocemos actualmente cuando al llegar a New York un vendedor de juguetes lo perfeccionó llamándolo así.
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